Bueno, ace ya tiempo qu eno escribo. Pero estaba de tan bajón que no me apetecía llorar más de la cuenta.
Total, el viernes al subirme al autobús, ocurrió lo siguiente:
Subí al autobús toda decaída. Cruzé el pasillo central camino del asiento donde me sentaba siempere junto a C. De lejos vi un monigote de color azul, aunque no reconocí de quién se trataba. Seguí caminando en esa dirección con el ceño fruncido: ¿quién me había usurpado el sitio?
Al pasar a su lado me cruzé con unos ojos claros, azules. Se me cayó el alma a los pies...o.o "Jonathan" pemsé instantáneamente. Los saludé a ambos con la mano:
-Hola -me sentí estúpida-. Adiós.
Y continué mi camino hacia otro asiento libre.
"Oh, dios mío, es Jonathan. Es americano...habla inglés...¿qué le digo? Oh...tengo ganas de abrazarlo...¡No, no puedo hacer eso! ¿O sí? ¡¡No, imbécil!! ¡¡Que se va a asustar!!" volviendo a su procedencia, "es americano, americano, americano...Oh..." Y se me humedcieron los ojos.
Al bajar del medio de transporte escolar me vollví a cruzar con él en la escalera, y aunque yo le cedí el paso, no se movió. Pase delante suya y esperé a C. abajo.
- ¿Qué tal? -me dijo.
- Bien... -respondí, cortada.
Señaló con los ojos a su extranjero. Y yo le miré avergonzada y fascinada por sola su presencia.
- Hola, me llamo Jonathan -cuán ilusión de futuro despertó en mi su voz. No podía ser posible. Veía ante mí a lo que no tuvee pero tanto deseaba. Lo que tanto esperé y ahora tenía respeto.
De nuevo el deseo imperioso de rodearlo con mis brazos de súbito. Me imaginé a mí misma ejerciendo el moimiento, y su reacción sorprendida. No, no quería dar esa impresión a esa persona. De modo que mantuve las manos quietas mientras me ponía nerviosa.
- Hola. Yo soy Raquel -me alejé medio metro de él para aguantarme las ganas de mejor manera.
Y así el resto del trayecto a la clase. Allí me entró la depresión más fuerte. Y empezé a llorar como una magdalena (¿las magdalenas lloran? ¿y esa expresión?). Y ahí todas preguntando qué me pasaba y yo explicándolo una y otra vez.
Ya me calmé y C. me dirigió hacia Jonathan para que le saludase.
- Hola -dije mientras aún sollozaba, aunque en menor medida.
Él me sonrió amablemente.
- Venga, dile algo -me indicó C.
- Jo...no puedo -me quejé frustada.
- ¡¡Aish!! -se quejó ella.
Luego Ana me presentó a Mara su extranjera. Y cuando ella me dió dos besos, pensé: "Me ha besado una americana..."
Y me marché con Aiko. El resto del día fue bastante monótono, siempre sintiéndome fuera de lugar. Pero, qué se le va a hacer si mi madre no tiene ganas de cumplir mi sueño. u.u
domingo, 15 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

aver... tu y tus pensamientos..
ResponderEliminareres como una niñita chiquita y eso em encanta¡¡
lo malo esque yo soy una vieja ya.. y bueno a veces no te comprendo ...lo siento
Te Quierooo