Esta es la historia de mis amigas y enemistades, falsedades y mentiras piadosas, verdades y amores profundos. Es la historia de mi historia. Otra razón que añadir a la lista y una crítica a mí misma.
Toda historia tiene un principio y un final, en cambio, esta solo consta de principio. El desenlace aún no ha llegado.
Hará cosa de un año y medio, llegué al instituto nueva. Cursaba tercero de E.S.O., aunque me calcularon dos años de menos las chicas que me acogieron. Voy a contaros esto con todo lujo de detalles, así que preparaos, porque es muy largo de contar.
El miedo escénico se apoderó de mí cuando pasaron lista a nuestra clase. No quería que se desvelase mi nombre. No quería que nadie supiera de mí. Sólo quería pasar desapercibida por los ojos de mis compañeros. Por desgracia, yo allí llamaba mucho la atención. Una chica bajita y rechoncha, vestida por su madre, fea, con aparato dental y ojeras. Y además, nueva. Se me parecó enterno todo, las apenas dos horas que estuvimos allí. Sentada sola y preocipada por dale una buena impresión a los profesores. Dieron noticias de sentaros por orden de lista. Me tocó junto a un chico...No, no quería. Pero la timidez venció al pánico.
Ese día mi madre se olvidó de venir a recogerme y me quedé cerca de una hora y media esperando en la puerta del centro.
Los días siguentes sigieron la misma lantilla del primero, a excepción de la olvidadiza memoria de mi madre.
Al cuarto día, se acabó la sensación de ser un piedrecilla en mitad una atestada acera llena de gente pisoteándome, sin reparar en mí. Dos chicas hicieron las cordiales presentaciones y yo respondí con la mía. En las próximas semanas seguí estando con ellas, ya aprendidos sus nombres y presonalidades. Todas unas marujas. Ninguna se acercaba siquiera un poco a mi tipo de amigas; o tímidas o locas. Ni siquiera lo suyo podía llamarse algo intermedio, era simplemente un caso aparte. Sólo despegaba los labios cuando me cedían el turno de palabra. Tímida era yo hace dieciocho meses. La antipatía que aquellas chicas producían en mí me obligó a buscar alguien más de mi tipo. Me fijé en una chica alta que sólo venía con nosotros algunos días. Pero nunca dió señales de adónde iba cuando no estaba con ellas. Se asemejaba al vaivén de la luz de un faro. La curiosidad me pudo y un día fui con ella. Observé con recelo como se acercaba a una chica que descubrí poco después se llamaba MªI. Y con ella, estaba la chica A. Allí fue dónde encontré a la amiga que tanto deseaba encontrar, tímida, tremendamente tímida.
Aquel día pasé el recreo con ellasy MªI se pasó todo el tiempo enfadada criticando a una tal Elena y una tal MªJosé creo recordar. Sus fuertes blasfemias me hicieron marca. De MªI no conseguí saber mucho más en aquel tiempo. La chica A y yo congeniamos muy rápido y nos hicimos amigas a la velocidad de la luz.
Pasó el tiempo, y nuestra amistad se fue reforzando hasta que....
Un extraño bichito loco de otro planeta aterrizó en mi mundo. Su nombre; Aikoharukaze. La amistad con la chica A estaba en un punto flojo. Ella se había vuelto arrogante, tremendamente egocéntrica, fría, distante, petulante, creída....y siempre tiene que ser el centro de atención. Y sus repentinos cambios de humor tampoco ayudaron. Así, terminamos por pelearnos hace apenas un mes. Pasaron muchas pequeñas discusiones y enfados pasajeros pero suelo ser reencorosa con quién no quiero. La chica A llevo a clase unos papeles muy personales que hablaban de lo bueno que estaba un chico y se lo habíamos contado, la chica A y yo, a un amigo suyo. La chica A se lo enseñó a nuestras amigas a mi costa y todas se volvieron contra mí, y A había estado de acuerdo en escribir aquello. No me ayudó, ni me defendió, ni me pidió perdón. Así que, la oportunidad de mandarla a tomar por culo había llegado, le dije lo que me sentó mal de ella. Pero fui incapaz de cortar con ella. Y por miedo a lo que dirán (soy muy muy cobarde) fui a pedirle yo perdón a ella, aún sin tener la culpa y siendo una víctima en todo esto. El colmo de todo hizo su aparición cuando al finalizar la clase y dirijirme hacia ella para darle un abrazo, se dió la vuelta y se fue corriendo. Aún sabiendo lo que me disponía a hacer yo. C y E se lo habían contado para que la capulla no huyera.
En ese momento me hirvió la sangre al rojo vivo, sentí las mejillas arder y tenía ganas de partir su mesa en dos con una fuertísima patada, y no me importaba lo que me fuese a doler mientras ese mismo dolor se lo transmitiera a ella. Apreté los puños y fruncí el ceño al máximo. No lo soportaba, esa sensación de odio crecía y crecía en mi interior entendiéndose por mi venas como veneno negro. Una sensación que no olvidaré nunca es el deseo de su sufrimiento.
A partir de entonces me he convertido en una maravillosa actriz, siempre en escena, nunca saliendo del teatro. Fingí pedirle perdón de corazón, fingí seguir siendo su amiga, finjo quererla, finjo que me gusta hablar con ella...actos, actos, y más actos. Una obra sin fin es en lo que vivo cuando está ella. Y si pude regalarle aquel peluche en San Valentín, aquel peluche que no quería quqe fuera para ella, sino para aquel extraño bichito de otro planeta. Incluso intenté escribirle una carta para el día de los enamorados. No pude. Podía fingir el típico "Te quiero", más falso que nada en el mundo mientras fuese para ella, pero era incapaz de que las ideas y las frases bonitas y originales saliesen de mí. Siempre terminaban chocándose contra un muro de hierro.
Tiré ese intento de declaración y escribí otra, esta vez a mi adorada Aiko. Los sentimientos y las sensaciones de amor salían fluidas, sin detenerse, y podría haber escrito veinte cartas más, sin repetirme en nada.
Ahora, me encanta acordarme de que se irá a su país natal para no volver, y que cursará allí el resto de estudios.
Podría haber contado más detalles, como que en noviembre aún la quería y nos regalamos unos colgantes. Ella friends y yo forever. Ya no me lo pongo. Aunque he de admitir que para esa época ya sabía que nos estábamos distanciando y que ese forever no iba a durar mucho.
Aquí finaliza mi explicación. Esta historia se cuenta en poco tiempo, pero transcurrió en un año y medio. Espero que de esto aprendais, igual que yo, que las amistades no duran para siempre, pero que hay que aprovecharlas al máimo mientras sea posible.
Ahora, un homenaje a Aiko, que seguramente estará llorando en su casa. Pero, si llora, que sea de felicidad, porque yo lo que le doy son las gracias. Esta amistad se hubiera arruinado de todas formas, pero tú me esperabas ahí para cuando se rompiera.
Te quiere, Raquel.
viernes, 27 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Waaa *sin plabras...con la boca abierta...*
ResponderEliminarDioxxx¡¡¡ ahora entinedo un poco mucho más como te sientes. Lo siento, soy una engreida, pensé que todo paso cuando yo apareci pero parece ser que no.
Sabes que me tienes aqui para lo que sea, y te digo una cosa, las amistades pueden perdurar si tu de verdad la quieres. Mira yo... me hagan lo que me hagan siempre las tendre aprecio, y siempre podran contar conmigo. Por que es verdad que no amo, pero si quiero a todo ser viviente de este planeta. Por muy hipocrita, estupido, egocentrico o malo que pueda ser, salvo yo, a mi no puedo llegar a quererme.
Pero soy feliz mientras con mis tonterias pueda sacar la mas dulces y tiernas de las sonrisas de alguien tan bueno y amable como tú. ^^ Te quiero, no lo olvides nunca.